21 de agosto de 2014

Designio de los Astros para el Emperador Adriano.

Fragmento y Líneas  tomadas de las Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar.

"Cuando los cálculos complicados resultan falsos, cuando los mismos filósofos no tienen ya nada que decirnos, es excusable volverse hacia el parloteo fortuito de las aves, o hacia el lejano contrapeso de los astros. 

Mi abuelo Marulino creía en los astros... Era el hombre de la tribu, la encarnación de un mundo sagrado y casi aterrador, cuyos vestigios encontré más tarde entre nuestros necrománticos etruscos.

Tenía fama de brujo y los aldeanos trataban de evitar su mirada...Para él los astros eran puntos inflamados, objetos como las piedras y los lentos insectos de los cuales también extraía presagios, partes constitutivas de un universo mágico que abarcaba las voluntades de los dioses, la influencia de los  demonios, y la suerte reservada a los hombres.

Había determinado el tema de mi natividad. Una noche vino a mí, me sacudió para despertarme y me anunció el imperio del mundo con el mismo laconismo gruñón que hubiera empleado para predecir una buena cosecha a las gentes de la granja...y leyó en mi espesa palma de niño de once años no sé qué confirmación de las líneas inscritas en el cielo. El mundo era para él un solo bloque: una mano confirmaba los astros.

Su noticia me conmovió menos de lo que podía creerse: un niño lo espera siempre todo. Creo que después se olvidó de su profecía, sumido en esa indiferencia a los sucesos presentes y futuros que es propia de la ancianidad.

Antes de morir había tratado de enseñarme su arte. No tuvo éxito; mi curiosidad natural saltaba de golpe a las conclusiones sin preocuparse por los detalles complicados y un tanto repugnantes de su ciencia. Pero quedó en mi el gusto por ciertas experiencias peligrosas."

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